jueves, 7 de febrero de 2013

Hablar de sexo como Dios manda

La progresía critica que la Iglesia de Alcalá de Henares delegue en un vigilante jurado la función del nihil obstat. En concreto, reprocha al obispado que haya situado a un portero a las puertas del lugar donde se celebra un ciclo de conferencias cuyo objetivo es que se hable de sexo como Dios manda. No entiendo la queja. Acotar el acceso es lógico si se tiene en cuenta que quienes exigen entrada gratuita hasta completar aforo piden barra libre para atizar con ella a los seguidores de Jesús cautivo.  
La crítica sorprende también por su arbitrariedad. Si algún derecho está desarrollado en España es el de admisión. Intenten acceder sin invitación a cualquiera de las charlas coloquio que inundan el territorio de norte a sur y de oeste a levante y entenderán por fin el significado de quedarse a la luna de valencia. A usted, que es facha, ya mismo le dejan entrar en un acto de hermanamiento cómico musical entre los Castros y los Calatrava. Y a usted, que es rojo, de momento le franquean la puerta de la sala en la que las juventudes hitlerianas homenajean al antiguo régimen.
Y ahora vayamos al fondo. Si todos podemos hablar de fútbol sin aprobar el cursillo de entrenador (yo mismo pondría a Falcao en la medular) no se entiende que los católicos no puedan hablar de sexo. Que la progresía se eche unas risas a costa de los cursos parece indicar que todos los laicos están licenciados en Kamasutra. Pero no hay tal. Y aunque lo hubiera. Existe la creencia de que de sexo sólo pueden opinar los expertos en salto del tigre, lo que, de primeras, impide hablar a El Cordobés, que no pasó del de la rana, y de segundas a quienes dan brincos de alegría cuando a duras penas consiguen el beso de la española. Con todo, hay que tener la cabeza cuadriculada para creer que sólo saben de sábanas los que hacen la cama redonda.

miércoles, 6 de febrero de 2013

A Dios con Franco

La interpretación de la política a partir de la geografía aclara que el tío de la bota es Monti mientras que por lo mismo Rajoy es el curtidor de una piel de toro que le despelleja. Y que se desnuda cada trimestre ante el centro de investigaciones sociológicas no tanto para mostrar sus vergüenzas como para expresar las que le producen sonrojo, entre las que destacan el paro bastardo y su mala madre, la economía.
El tercer quebradero de cabeza nacional es la política, algunos de cuyos representantes, por eso de tirar balones fuera, se dedican a zaherir al cuerpo de Cristo, lo que, ya que hablamos del Resucitado, resulta una incoherencia anatómico forense. En realidad es algo peor: una estrategia pública sin sustento social que para convertir a la solución en el problema vincula a Dios con Franco. 
Los españoles, como acredita el CIS, no tienen ninguna cuenta pendiente con la Iglesia, a la que agradecen sus desvelos espirituales y la contribución a la causa de Cáritas, la mano invisible que al repartir lo que tiene aplica el régimen de gananciales con quienes llevan todas las de perder. De modo que es burdo e ineficaz relacionar al clero con un cruzado que, puesto que impide sacar pecho por él,  es menos de Plaitex que de la Falange. Tratan de retratar a una Iglesia inmovilista cuando lo cierto es que eppur si mouve. Que es lo que más molesta a los que ideologicamente se creen el centro del universo.

martes, 5 de febrero de 2013

Equis para todos

Como quiera que abrazar la cruz católica implica persecuciones que le echen un galgo es el latiguillo predilecto de los que azotan a Jesús de palabra y le muerden de obra. Los perros ladradores azuzan a la jauría humana contra el buen pastor y sus ovejas blancas a fin de diezmar el rebaño. En este contexto se enmarcan las lágrimas de cocodrilo derramadas por los que consideran que el acuerdo para equiparar a todas las confesiones se ha quedado en papel mojado.
La norma se firmó hace un nada, un tango, dos décadas, sin que los defensores laicos de las religiones minoritarias consideren que se haya avanzado en la igualdad de trato, por lo que piden, por ejemplo, que en la declaración de la renta se permita que los musulmanes, entre otros, marquen la equis, que en este caso no sería empate, sino victoria a domicilio de Teherán, a cuyos guardianes no les piden que permitan a quienes creen en el Hijo beneficiarse del programa padre.
La reciprocidad es un punto de equilibrio que la parte contraria no está dispuesta a llevar a cabo ni loca, pero el laicismo puede argüir que un empecinamiento no justifica otro, que es la tesis hipócrita de los que en cuestión de financiación aseguran que no hay que pagar con la misma moneda a lo que no ponen una peseta. Con todo, se equivocan al insistir en este tema. Creen que el dinero es el talón de Aquiles de la Iglesia, cuando para esta experta en caridad no alcanza siquiera la categoría de juanete.

lunes, 4 de febrero de 2013

Ghandi, Mandela, Obama

Obama no es Ghandi con más peso, al menos específico, ni Mandela de joven, pero sin los méritos de ambos cuenta con el premio nobel de la paz porque en su ideario figura alcanzarla en grado de tentativa. En la práctica quien bajó el pulgar para que su tropa de élite le metiera plomo al autor intelectual de la descerebrada matanza de las torres gemelas fue este hijo único.
Para muchos la operación es un minúsculo borrón en el impoluto currículo político de este varón negro, demócrata y sentimental, que aprovecha la memoria de África, el recuerdo de la esclavitud, incrustada en la población nativa para hacer carrera en la tierra de las oportunidades. Hay que reconocerle que, además, maneja la oralidad con mucho menos riesgo que su antecesor Clinton.
Como Obama escribe buenos discursos raro será que no le den también el nobel de literatura a cuenta de su futura gran obra, que será, conociéndole, una plácida versión sin alcohol de Las uvas de la ira. Lo que acredita que de todo hay en la viña del Señor, cuyos hijos más distinguidos no tienen tanto predicamento en Oslo. Es una incoherencia que los grandes católicos no cuenten apenas para los que otorgan el distintivo mundial de pacificadores. Más que nada porque a nadie le sientan peor las dos pistolas que a un santo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Alma, corazón y vida consagrada

Tres cosas hay en la vida, siempre que no sea consagrada, claro, pues ni el cartujo, aunque contemplativo, mira por el dinero ni la esclava de María apuesta por el amor libre. Y eso que ganan en salud los que habitan en clausura, a quienes les cuadra más el estribillo del bolero que el de la música ligera de cascos. Alma, corazón y vida define mejor lo que son quienes cambian el mundanal ruido por la soledad sonora.
Desde fuera parece una opción por las privaciones, pero como la devoción va por dentro Dios colma las expectativas de los consagrados al mantener encendida la llama de amor viva, cuyos rescoldos, como la antiguas catalíticas, calientan pero no queman a los que saben que la insatisfacción del primer mundo tiene su origen más en la abundancia de males que en la falta de bienes.
El común de los mortales no comprende que quienes buscan la eternidad hagan voto de pobreza, castidad y obediencia. Tampoco tienen buenas palabras para los que los que dicen sí al silencio. Puro desconocimiento: Para ellos un capuchino es un mal café y la Trapa un chocolate por mucho que sepa a gloria.

sábado, 2 de febrero de 2013

Obreros creyentes

La ideología preponderante sostiene que no hay grado de imbecilidad política mayor que la de un trabajador de derechas. Pero no tiene en mejor consideración al asalariado católico. Para los que marcan el compás a la clase baja el obrero rendido al encanto de las alturas es un traidor a su cuna que supedita los principios al juicio final. De ahí que la progresía con posibles, la que se desayuna con diamantes, considere que el paria creyente es el garbanzo negro de los que comen cocido a diario.
La izquierda que dicta las normas no concibe que quienes trabajan doce horas vayan a misa de mediodía. A esto se le llama prejuicio. Si no les cabe en la cabeza que los parias de la tierra consuman el cuerpo de Cristo es porque amamantan el imaginario de que la Iglesia es una institución repleta de obispos atocinados que prefieren la uniformidad del alcázar de Toledo al mestizaje de la torre de Babel.  
La realidad es el espejo de la madrastra de Blancanieves de este cliché y demuestra, además, que Jesucristo hizo mucho bien al lumpen de la época. Los excluidos, principales beneficiarios de su presencia salvífica, pueden dar fe de que así fue: mudos, ciegos y paralíticos le deben la voz, la vista y los andares. Por no hablar de los pobres de espíritu. Claro que una versión laica del Nuevo Testamento reflejaría que al  leproso le curó Médicos sin frontera y a la adúltera la salvó del marido celoso el instituto de la mujer.

viernes, 1 de febrero de 2013

Origen divino

Al laicismo geopolítico le interesa delimitar el nacimiento de Jesús y poner fecha y hora a la historia interminable para que la patria chica prevalezca sobre el origen divino. Trata de condecorar al libertador para quitarle las medallas al Mesías. Con un objetivo: utilizar el espacio concreto donde recibió las aguas bautismales para achicar la influencia allende los mares del que ni aprieta ni ahoga.
Pues pinchan en raspa, como acredita la adoración de Jesús en todas partes, sin que ninguna afirme tener en su poder la fe de bautismo. Lo que, por otra parte, sería inútil, ya que es obvio que, por ejemplo, no es nativo de España. Que Jesús no nació en Cataluña lo acredita que no se quedó con la moneda romana. Fue humilde, así que tampoco es de Bilbao. Ni andaluz, porque no necesitó señoritos. Y menos aún gallego, ya que habló tan claro que no hizo de la ambigüedad virtud. En cuanto a Madrid como cuna, la ausencia de chulería niega tal cosa. Además, Lavapiés no se llama así en homenaje al Maestro.
La ubicuidad de Dios es una cosa y su partida de nacimiento otra. La expansión del catolicismo está vinculada al soplo del Espíritu Santo, que sustituye por aire fresco el monóxido de carbono 14 que genera el viejo ateísmo en las mentes cerradas. Eso no significa que los Santos lugares estén en cualquier sitio. Significa que la universalidad del catolicismo otorga a Belén rango de aldea global.