viernes, 28 de noviembre de 2014

Florentino y la Cruz

Me pregunto si Florentino se ha planteado convencer a su nueve puro de que exija a los aficionados de Abu Dhabi que le llamen de usted para que ninguno se refiera a él como Cristiano, nombre que perjudica los intereses económicos del Madrid en el mundo árabe tanto o más que la Cruz que ha suprimido el club del escudo oficial en el país musulmán para evitar la susceptibilidad del nuevo patrocinador. También me pregunto si lo siguiente del presidente merengue será pedir a Villar que interceda para que su paisano Aurtenetxe acceda a que el partido de cuartos ante el Athletic no se juegue en San Mamés.
Lo que no me pregunto es lo que sé. Sé, Por ejemplo, que Florentino no da el perfil de mártir. No me imagino a un misionero en Nigeria quitándose la medalla de la Virgen de las Angustias para despistar a Boko Haram, pero creo que este hombre, si hay negocio, no dudaría en entablar relaciones con el círculo Podemos tercera república, siempre que esté patrocinado por Venezuela, para sustituir la corona del escudo por un camafeo de Maduro. Tampoco me extrañaría que, con tal de contentar al patrocinador árabe, proponga a Ancelotti que ante la eventualidad de que alguien remate en plancha, que es cosa de mujeres, toda la delantera del Real lleve puesto el burka.

Iglesia con seny

La Asamblea Nacional Catalana cree que la independencia es el caldo de cultivo idóneo para que surja una Iglesia propia adscrita a Roma, pero no a Madrid, a fin de sustituir la intransigencia por el seny. Una Iglesia cuyo refinamiento no se derive de haber estudiado en los jesuitas, sino de saberse superior, que es como se siente este colectivo, apenado porque el yugo castellano ha impedido que el clero autóctono deje su impronta de grandeza en la historia, pues, en su opinión, una Iglesia catalana habría sido más culta que la española, lo que, aunque ambos se elevan, revela que para esta gente los místicos del Siglo de Oro están por debajo de los castellers de la feria pasada.
La nueva Iglesia catalana, por lo sutil, sería algo así como el Barça de Pep, de modo que la Conferencia Episcopal Española oficiaría entonces de Madrid de Mourinho, de contrarreforma. Aún así, no creo que la Asamblea quiera una Iglesia propia para que Els segadors disputen a San Isidro la labranza de la viña del Señor ni para priorizar la inmersión lingüística al Verbo. Ni siquiera para revisar el Nuevo Testamento al objeto de reflejar a Jesús como un charnego que chapotea en el Jordán mientras entona Nací en el Mediterráneo. A mí me parece que lo que la Asamblea quiere es nacionalizar el perdón de los pecados para que la tacañería, que es la avaricia de niña, no compute como tal.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La trampa del elogio

La actitud de Podemos con IU, amablemente despectiva, equivale a la palmada en la espalda que el director de recursos humanos propina al aspirante al becario antes de decirle ya te llamaremos. Podemos actúa con IU como esos equipos poderosos que, aunque no celebran el quinto gol, se lo marcan al rival débil para dejar claro quién manda aquí. Aquí, hoy, manda Podemos, que en un par de elecciones acabará con esa izquierda desorientada que se debate entre la barricada y la nómina. E incluso con la socialdemocracia, ya que Pedro Sánchez, aprendiz de populista, cree que basta dejarse barba para competir con un talibán.
Aunque la izquierda española refrendará en masa a Pablo Iglesias, el macho alfa sabe que para gobernar necesita convencer a quien no comparte que Venezuela sea el paradigma universal del buen gobierno. Al católico inadvertido, por ejemplo. Lo que explica sus elogios al Santo Padre, cuya intervención en el Parlamento Europeo ha sido considerada por Iglesias como un refrendo al programa económico de Podemos, de lo que se deduce que debe de creer también que la multiplicación de los panes y los peces fue, por lo que tiene de de milagro social, la gran contribución de Jesús al marxismo.
Pablo Iglesias, que quiere conocer al Papa no más que para que el Papa le conozca a él, está convencido de que tienen muchas cosas en común. No creo que entre ellas se encuentre la supresión de la enseñanza concertada católica ni la apuesta por el legrado. De modo que, de entrada, en lo programático habría desacuerdo. Y, de salida, tampoco compartirían discurso: no es lo mismo decir que Dios no se cansa de perdonar, que alegrarse de que el miedo cambie de bando. En otras palabras, mientras Francisco defiende el corazón contento, Iglesias apuesta por el nudo en el estómago.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Pablo y la resaca

Circula por la red un vídeo de Pablo Iglesias, según parece en estado previo a la resaca, que sus incondicionales intentan que desaparezca y sus adversarios que se haga viral. En el corte, en vez de cantar Paquito el Chocolatero, que es lo lógico, el dirigente de Podemos canta la Internacional, que es lo suyo, pues la Internacional no es la versión definitiva de El emigrante, sino la banda sonora que los seguidores de Lenin yuxtaponen a la película de la opresión. Y que Iglesias entona como si acompañara a Rosendo en vez de con la sobria cadencia obrera del coro de Rodiezmo.
Aún así no entiendo la polémica generada por el vídeo. El cubata es tan consustancial al paisaje español como la cordillera bética. A casi todas las personas con las que he pasado más de una hora las he visto bailar la conga, con eso lo digo todo. De modo que lo que me preocupa no es que Iglesias beba o no, sino que en términos ideológicos pretenda sustituir en España el vino por el vodka. Y no porque yo sea más partidario de la fermentación que del alcohol industrial, que también, sino porque intuyo que lo siguiente que hará Podemos será buscar en la guía el domicilio de los Romanov.

El español y el lobo

Hobbes, está claro, no conocía a fondo la idiosincrasia ibera cuando puso de moda la frase de Plauto que sentencia que el hombre es lobo para el hombre. De conocerla no habría tenido que recurrir al reino animal para destacar la esencia carnívora de la condición humana. En su descargo juega que durante su viaje por Europa el filósofo no recaló en la península, donde, como se desprende del Lazarillo, el hombre era ya un español para el hombre.
El lobo, muy a su pesar, es carnívoro, el español, muy en su papel, es omnívoro, que es peor, pues un omnívoro, un español, no es más que un carnívoro camuflado que pide ensalada de entrante para disimular que su verdadera intención es devorar a su congénere a los postres. Al lobo le gustaría pacer, al español le encanta acorralar. Y cree que hace bien. Tanto es así que considera que la afrenta, la ira y la venganza son una actualización sensata de las tres virtudes teologales.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Del rigor y el deseo

El cálculo político, por cuanto supedita el rigor al deseo, enlaza con las cuentas de la lechera, así que es probable que a Mariano Rajoy se le rompa el cántaro por interpretar al galaico modo la cifra de la manifestación por la vida. Tengo la impresión de que cuando a este gallego se le pregunta cuál es el cuadrado de la suma de dos cantidades responde con un enigma matemático, no para poner en un aprieto a quien le inquiere, sino para hacer notar su ascendencia. Sobra decir que el enigma es la variante aritmética del ¿usted qué cree?
Tal vez el presidente del Gobierno crea que el producto resultante de comparar dos cantidades contrapuestas de manifestantes (60.000, según la policía, y 1,4 millones, según la organización) es cero. Y en función a esa lógica arrincone para siempre la ley que ató Gallardón y desató la sociología, el nudo corredizo de don Alberto, que es el diputado que mejor ha captado el progresismo de la placenta y peor el conservadurismo de su propia especie.
Gallardón, al que todos le suponían capacidad para la conjura, ha interpretado mal el papel de Bruto, pero se retira con los cuchillos limpios. En cuanto a Rajoy, es posible que sea una variante astuta de Julio César, pero no hay ningún honor en salvar la vida política a costa de que muchos la pierdan antes de matricularse en primero de tacatá. Puede que la decisión le reporte votos, pero, desde un planteamiento ético, no hay color entre el soniquete cansino de Arriola y la dulce anarquía del sonajero.

viernes, 21 de noviembre de 2014

País de tricotosas

No sé cuál será el etbida de Pingouin Esmeralda, pero intuyo que la empresa de ovillos no pasa por sus mejores años porque en esta época sin obreros también los patrones, incluso los de corte y confección, están en vías de extinción. Y, sin embargo, la firma lanar tiene una ocasión única para reinventarse ahora que España vuelve a ser un país de gentes que salivan con la decapitación pública de políticos, empresarios y artistas, un país de tricotosas.
Pingouin convertiría el punto de cruz en oro si comercializara a buen precio madejas específicas para que los españoles de mesa camilla tejieran sogas ante el cadalso de 47 pulgadas desde el que tertulianos que se tienen en gran estima piden, con la aquiscencia del público, la cabeza de Danton sin considerar que fue el telonero de Robespierre. La televisión es hoy el coliseo ante el que millones de españoles disfrutan de mal ajeno mientras bajan no sólo el pulgar, el anular y el índice, sino también el corazón.