Como Romero predicó el Evangelio de los pobres por coherencia, al seguir al pie de la letra las Sagradas Escrituras, a la dictadura militar el sermón le olía a mitin, la comunión a reparto de alimentos, el Sagrario a comedor social y las Bienaventuranzas a contrato programa del prelado con el pueblo. De ahí a considerarlo finito no había más que un paso, que el régimen dio en falso porque desconocía el terreno en que se fragua la vida eterna.
El Papa Francisco ha desbrozado ahora el camino que enlaza la sangre del cordero con la casa del Padre, a fin de que la causa del arzobispo alcance velocidad de crucero, impulsada por la oración de quienes piden a Dios, que no deja que se pierda una sola de sus ovejas, que siente a su mesa al que tanto huele a ellas.
Mons.Óscar Arnulfo Romero fue fiel al Evangelio. De ser un pastor tranquilo y poco dado a problemas,el dolor de los pobres,fuesen salvadoreños o no,le conmovió.Y su vida se puso enfrente de los que acallan a los hijos de Dios.
ResponderEliminarEl Papa Francisco creo que nos va a deparar hermosos momentos de fe. De él también decía que era timorato...
¡Benditos timoratos de palabras y valientes de hecho,amigo Javier!.
Cuando Dios te sacude,te pones en movimiento sin necesidad de pilas.
Un abrazo.
El tímido que pisa charcos laicos es un valiente. Un abrazo.
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